Carcer ille qui est a crudelissimo tyranno Dionysio factus Syracusis, quae lautumiae vocantur, in istius imperio domicilium civium Romanorum fuit. In Verrem II, 5, 143
domingo, 3 de abril de 2011
LAS LATOMÍAS DE SIRACUSA
Carcer ille qui est a crudelissimo tyranno Dionysio factus Syracusis, quae lautumiae vocantur, in istius imperio domicilium civium Romanorum fuit. In Verrem II, 5, 143
martes, 7 de diciembre de 2010
IN OLOREM CONVERSUS
| Copia de Leonardo da Vinci |
sobre la doncella vacilante, los muslos acariciados
por las negras palmas, en el cuello el pico preso;
indefensa y sujeta pecho contra pecho.
¿Cómo pueden esos frágiles dedos aterrados
defender los mansos muslos de la gloria alada?
Y ante ese blanco torrente, un cuerpo así tendido,
¿qué hace salvo sentir el palpitar desconocido?
Un espasmo en la entrepierna concibe
el muro caído, el techo y la torre ardiendo,
a Agamenón y su muerte.
Tan impotente,
tan rendida ante el brutal hijo del aire,
¿unió ella al recibirlos el saber y el poder
antes de que el indiferente pico la dejara caer?
No es el momento para ponernos exhaustivos, sólo os dejo un par de ejemplos: un relieve griego del siglo II a.C., en el que, al parecer, se inspiró Yeats, y la obra simbolista del francés Gustav Moreau, del siglo XIX.
Pero volvamos al nuestro, a nuestra Leda, a la Leda de Miguel Ángel, o mejor, a la copia de la Leda de Miguel Ángel. En efecto, también esta obra se perdió, parece que en una hoguera en la corte francesa del siglo XVII. Pero antes muchos otros artistas tuvieron ocasión de admirarla e imitarla, como parece el caso de Francesco Brina, italiano del s:XVI, a quien se atribuye nuestra joyita.
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| Leda y el cisne. National Gallery (Londres) |
Y en alguna de sus esculturas se hace evidente el mismo cuerpo desnudo, en idéntica posición, aunque utilizado para otro motivo diferente, como la escultura que representa la Noche, realizada para la tumba del hermano de Lorenzo el Magnífico, y que hoy podemos ver en las Capillas Mediceas en Florencia
Para terminar, os propongo leer el final del texto de Higino, el catasterismo propiamente dicho: Ipse autem avolavit, et quod ab hominibus alte volans caelo videbatur, inter sidera dictus est esse constitutus. Así se explica el origen de la constelación de Cygnus, también conocida como la Cruz del Norte, que atraviesa la Vía Láctea.
Como veis, una vez más los textos nos abren inesperadas puertas que siempre merece la pena traspasar.
viernes, 5 de noviembre de 2010
HIJOS DE EQUIDNA Y TIFÓN
domingo, 24 de octubre de 2010
LOS BÓSFOROS DE IO
sde el norte del mar Negro hasta el sur de los montes Urales. Y para llegar hasta allí, atravesó otro estrecho, el Bósforo Cimerio, que actualmente es conocido como estrecho de Kerch, perteneciente a Ucrania, y que conecta el mar Negro con el mar de Azov. Luego no un Bósforo, sino dos, no un acusativo singular, sino un genitivo plural. ¿Cómo? O bien una forma sincopada, para evitar la cacofonía Bosphororum, o bien la forma arcaica del genitivo plural de la 2ª declinación: -um, que a su vez deriva de *-om (pensad en el griego -ων ).Y, por lo tanto, unde Bosphorum fines sunt dictae: "de ahí que se llamaron territorios de los Bósforos"

miércoles, 29 de septiembre de 2010
LOS ETRUSCOS, ESOS GRANDES DESCONOCIDOS
No es mala idea averigüar algo más sobre ellos y sobre la influencia que su avanzada cultura tuvo en la civilización romana. Lo primero será situarlos en el tiempo y en el espacio. Aquí tenemos un mapa que nos muestra el territorio que ocupaban: al norte de Roma, en gran parte lo que actualmente es la región italiana de la Toscana, y siendo el río Tíber su límite natural.
Sabemos que su civilización floreció entre el siglo X y el siglo VIII a.C., es decir, antes de la legendaria fundación de Roma (753 a.C.), alcanzando su máximo esplendor entre el 600 y el 400 a.C., y aunque los eruditos no se ponen de acuerdo sobre su origen, la idea más aceptada actualmente es que eran un pueblo autóctono de la península itálica con fuerte influencia de pueblos orientales, recibida a través de los fenicios y del mundo griego. Gran parte del misterio que rodea a los etruscos se debe al hecho de que su lengua sigue aún sin ser descifrada: podemos leerla (recordad que los etruscos tomaron el alfabeto de los griegos), pero no entenderla. La mayoría de los testimonios de esta lengua son epigráficos, es decir, escritos en soporte duro (piedra, metal). No estaría de más echar un vistazo a la entrada que dedicamos al tema de la epigrafía en este blog el 19 de enero: SCRIPTA MANENT.
Como muestra, aquí tenemos una imagen del "Hígado de Piacenza"una pieza de bronce que representa las distintas partes en que se dividía el hígado del animal que los sacerdotes iban a examinar para averigüar la voluntad de los dioses. Los sacerdotes examinaban el hígado como símbolo del cielo, luego este mapa sería su representación del cielo, dividido en compartimentos, con los nombres de cada dios. Y es que el mundo religioso de los etruscos, del que la religión romana tomó tantos aspectos, es otro de sus grandes atractivos. Un mundo en el que se mezclan los dioses y sus mitos con la superstición y las prácticas rituales de carácter mágico. Junto a la práctica adivinatoria a través del estudio de las entrañas de los animales sacrificados, de la que nos habla el hígado de Piacenza, y que era conocida como haruspicina, los etruscos también estudiaban el vuelo de las aves con fines adivinatorios. Roma adoptó ambas, y así los harúspices y los augures eran los sacerdotes encargados de interpretar las señales divinas según estas disciplinas etruscas.
blan de ellos. Les llamaba la atención, sobre todo, el papel de la mujer estrusca en la sociedad, pues lejos de permanecer relegadas en un segundo plano, como las mujeres griegas y romanas, tomaban parte activa de la vida pública y disfrutaban de amplias libertades y derechos, ocupando lugares de importancia y compartiendo con los hombres un espacio en la sociedad. Algunos estudiosos hablan incluso de una sociedad con rasgos de ginecocracia (bonita palabra de origen griego con la misma raíz que ginecólogo o misógino).
domingo, 25 de julio de 2010
ARTEMISIA II DE CARIA
Sin salir de la "National Gallery" encontramos este pequeño cuadro de Mantegna (pintor italiano del s. XV). La obra, que en realidad forma parte de un díptico, está realizada de manera que parezca un bajorrelieve. El título es sólo descriptivo: "Mujer bebiendo". Sí, pero ¿quién es esa mujer y qué es lo que está bebiendo? La información que acompaña al cuadro nos sugiere dos posibilidades: o Sofonisba, hija del general cartaginés Asdrúbal, mujer tan especial, al parecer, que Masinisa, rey númida, decidió ayudarla para que no sufriera la humillación de ser prisionera de los romanos: le ofreció una copa con veneno que ella bebió sin dudar.
Artemisia se casó con su hermano Mausolo, que desde el año 377 a.C. era el sátrapa o gobernador de Caria. A la muerte del marido y hermano ella asumió el gobierno de la región durante los dos años que le sobrevivió. Si es esta la mujer que pintó Mantegna, la copa que se lleva a los labios contiene las cenizas de su esposo, que, mezcladas con vino, bebió hasta su muerte: tal fue el dolor que en ella provocó su pérdida. De alguna manera quiso convertirse en el sepulcro viviente del ser amado.
al posterior saqueo, nos basta con abandonar la "National Gallery" y encaminarnos al "British Museum", donde, entre infinidad de valiosos vestigios de las antiguas civilizaciones, conservan fragmentos de uno de los colosales caballos que tiraban de la cuádriga.
viernes, 23 de julio de 2010
DE MITOS POR LONDRES
Aquí quedan sólo algunos: los que me atraparon con su luz, o sus sombras, con una mirada o un gesto.
El primero fue Turner, londinense del s. XIX, considerado "el pintor de la luz", y sin duda el pintor británico por excelencia. Este óleo, "Ulises burlando a Polifemo" , impecable en su técnica, atrapa el momento en el que Ulises y sus compañeros se alejan de Sicilia tras haber escapado, gracias a la astucia del rey de Ítaca, de la brutalidad del cíclope hijo de Poseidón. El gigante se adivina en las sombras, sobre las montañas a la izquierda, seguramente oyendo unas palabras que no olvidará: "Si alguna vez alguien te pregunta quién te dejó ciego, dile que fue Ulises, rey de Ítaca". En el centro la nave del héroe, y a la derecha, en el horizonte, el Sol comienza su cotidiana carrera, tirado por unos caballos que apenas se intuyen.
El hijo del Sol, el joven e impru
dente Faetón, quiso conducir por un día el carro y los caballos de su padre. Pero, como seguro que recordáis, desoyó los consejos paternos, y en su loca carrera por el cielo perdió el control del carro: al acercarse demasiado a la tierra dicen que convirtió en desierto la mayor parte de África e hizo que se volviera negra la piel de los etíopes. Ante tamaño desastre, Júpiter se vio obligado a lanzar un rayo para detener los caballos. El joven auriga cayó y se ahogó en el río Eridano (el actual Po). Es el momento que nos ofrece el pintor barroco alemán Johann Liss (s. XVII) en su cuadro "La caída de Faetón": el joven Faetón se precipita envuelto en una nube de fuego ante la mirada de pánico de sus hermanas y del propio río que lo acogerá, representado como un anciano.
A la misma época pertenece otro pintor barroco, en este caso italiano: Luca Giordano, que pasó diez años en España, dejando frescos en el Monasterio de El Escorial y en otros lugares de la capital. De él queda aquí "Perseo petrificando a Fineo y sus secuaces". En efecto, tras conseguir la cabeza de la gorgona Medusa, sabemos que
el héroe rescató a la joven Andrómeda de ser devorada por un monstruo marino. Pero a la boda entre Perseo y Andrómeda se oponía Fineo, tío y prometido de la hermosa joven. Por lo que a Perseo no le quedó más remedio que, en medio del banquete nupcial, sacar la cabeza de Medusa, que aún conservaba su poder petrificador, y deshacerse de su contrincante y cuantos le ayudaban. ¿Veis el color de la piedra que ya van adquiriendo quienes no han podido escapar a tan terrorífica mirada?
Casi un siglo antes, Tintoretto, probablemente el último gran pintor del Renacimiento italiano, nos desveló con gran vehemencia "El origen de la Vía Láctea". El mito lo conocemos: Júpiter deseaba la inmortalidad para su hijo más especial: Hércules. Así pues hizo que Mercurio lo acercara al seno de la tantas veces burlada y traicionada esposa Juno. Pero la diosa despertó inesperadamente y la leche brotó de su pecho, creando el camino de estrellas que conocemos como la Vía Láctea. Júpiter aparece en segundo plano, en forma de águila, con el rayo entre las garras; el pavo real acompaña siempre a la diosa Juno (recordad la leyenda de Argos, el de los cien ojos). Y aunque poco se ve en la imagen, del pecho derecho de Juno brota otro chorro de leche, del que sobre la tierra nacerán lirios.
Dos pintores franceses nos hablan desde las salas de la "National Gallery" del mito de Eros y Psique. Para recordarlo mejor, os aconsejo que leáis la entrada que hizo Ana Mª Sánchez sobre esta cautivadora leyenda. Al siglo XVIII pertenece Fragonard, olvidado por la crítica durante un tiempo. "Psique enseñando a sus hermanas los regalos de Cupido", cuadro cargado de voluptuosidad, como muchas otras del mismo pintor, refleja el momento en el que la bellísima Psique, figura central, llena de luz y perfectamente perfilada, enseña a sus envidiosas hermanas los regalos que le ha hecho su marido, de cuya compañía sólo podía disfrutar en las sombras de la noche. Sus hermanas, a quienes corroe la envidia, la acabarán convenciendo para que descubra el rostro del amado. El final, trágico, como es de esperar cuando los mortales ignoran las advertencias de los dioses.
El mismo Eros, podíamos pensar, que no muy lejos de la "National Gallery", parece dispuesto a disparar sus flechas sobre cualquiera de los miles de turistas que nos sentamos a descansar en la popular fuente de Piccadilly Circus . O tal vez no se trate de Eros, sino de su hermano Anteros, que castiga a los que desdeñan y no corresponden al amor de otros. ¡Mucho cuidado con los dioses!




















