martes, 22 de mayo de 2012

En defensa de la educación pública

    Hoy no he ido a trabajar, no he estado en clase con mis alumnos de latín y griego, no hemos traducido el texto sobre la integridad del romano Fabricio ni sabemos cómo acaba la historia del tirano Polícrates, cuya buena suerte fue proverbial. Hoy he salido con mis compañeros a recorrer las calles detrás de una pancarta, a decir no, a decir basta, a gritar contra el error y el horror que se ciernen sobre la educación pública en nuestro país. No debemos permitir que quien gobierna en nuestro nombre, quien gobierna con los votos de los ciudadanos, se vuelva una y otra vez, como perro hambriento, contra esos mismos ciudadanos.
   Quieren quitarnos el bien más preciado que pueda tener una sociedad libre: una educación buena e igual para todos, para quien tiene medios económicos y para quien carece de ellos, una educación que difumine las desigualdades y que ofrezca las mismas oportunidades a todos los ciudadanos, una educación que busque cada día ser mejor para formar personas con criterio propio, con capacidad para pensar y expresarse, para enriquecernos así a todos. Quieren deshacerse con un gesto frívolo de lo que se ha conseguido a lo largo de un duro camino. Quieren dejar sin voz, sin pensamiento y sin palabra a tantos y tantos que no podrán recibir la mejor educación en clases masificadas, que no podrán acceder a estudios superiores por falta de recursos, que no podrán formarse en aquello que les apasiona y para lo que están dotados.
  Es mucho lo que nos quieren quitar, es mucho y es nuestro. No debemos permitir que ellos, que mañana ya no estarán sentados en sus poltronas, causen un daño irreparable a quienes tendrán que ocuparse del futuro.
 

jueves, 17 de mayo de 2012

Bruno, nuestro ganador de la Prueba Nacional de Griego

  Apenas acabamos de regresar de Arpino, de vivir una experiencia inolvidable junto a casi 300 jóvenes europeos amantes de las lenguas clásicas, cuando hoy nos han dado la noticia de que Bruno ha sido el ganador de la Prueba Nacional de Griego. Se empieza a hacer difícil digerir tantas emociones. Seguro que en cuanto Bruno encuentre tiempo y tranquilidad hará una entrada para contarnos cómo ha vivido estos días en Arpino. De momento, aquí podemos verle junto a los demás alumnos españoles que también participaron en este certamen internacional.
   Pero ahora nos toca volver a felicitarle por este feliz colofón a un año en el que ha trabajado mucho y bien para perseguir sus sueños.
  Fue el pasado 20 de abril cuando se celebró de forma simultánea en todas las delegaciones de la Sociedad Española de Estudios Clásicos la prueba de Lengua y Cultura Griegas. Consistió en la traducción y comentario de un texto de un autor ateniense del s. V a.C. conocido como "el Viejo Oligarca". En el texto, al autor no le queda más remedio que aceptar que está justificado el nacimiento de un nuevo sistema de gobierno en Atenas, la democracia, a pesar de que él no lo comparte. Lo cierto es que si es el pueblo quien con su trabajo confiere fuerza y poder a la ciudad, debe ser el pueblo quien, hablando en las asambleas, decida qué es lo mejor para sí mismo. Un tema que, no importan los siglos transcurridos, sigue  mereciendo nuestro interés y reflexiones.
  Será el próximo 8 de junio, en el Círculo de Bellas Artes, cuando Bruno reciba este último premio: una bolsa de estudio para acudir este verano a la Academia Homérica en la isla griega de Quíos. Trabajar, prepararse, no rendirse, siempre proporciona grandes satisfacciones. Y a veces, además, se puede disfrutar con el reconocimiento a lo bien hecho. Enhorabuena una vez más. Te lo has ganado.

sábado, 21 de abril de 2012

¡Bravo, muchachos!

       De nuevo los alumnos de Latín y Griego merecen ser felicitados, y lo hago con sumo placer. El año pasado fueron unas brillantes alumnas las que nos dieron la satisfacción de ver a nuestro instituto en los primeros puestos del Certamen de Traducción de Latín y Griego de Cantabria. No olvidamos a Ianire, Irene, Ana y Cristina; como tampoco olvidamos al resto de sus compañeras. Y este año tenemos una doble alegría: al primer premio en el Certamen Ciceronianum conseguido por Bruno añadimos ahora su segundo puesto en el Certamen de Latín y el tercero en el de Griego. Pero no es el único. También Ricardo, a pesar de parecer tan poco centrado en las clases (me lo vas a perdonar, pero es así), ha conseguido estar entre los 10 primeros en el Certamen de Latín: un loable octavo puesto. Enhorabuena a los dos.  Me encanta poder felicitaros.
   Para ello Bruno y Ricardo, junto con sus compañeros y más de un centenar de alumnos de toda Cantabria, tuvieron que traducir un texto de Quintiliano  (su estatua en Calahorra en la foto) realmente muy difícil en el que quien sin duda fue el mejor maestro de retórica de la antigüedad animaba a los alumnos a "querer a sus maestros no menos que a los propios estudios":, pues multum haec pietas conferet studio: mucho aportará este amor al estudio.

   En el Certamen de Griego el autor elegido fue Esopo, creador de fábulas como la de "El viejo y la muerte", texto que tradujeron Bruno y sus compañeras de Griego II. La historia nos cuenta que πᾶς ἄνθρωπος φιλοζωος, ἐν τῷ βίῳ κἂν δυστυχῆ ," todo hombre es amante de la vida, aunque sea desdichado en su existencia". Tanto en la prueba de Latín como en la de Griego los alumnos tuvieron que responder a cuestiones de sintaxis, morfología y léxico. 
   Y quiero aprovechar la ocasión para animar al resto de mis alumnos: a los de 2º porque os queda muy poco para terminar y necesitáis realizar un último esfuerzo hasta llegar a la PAU. A los de 1º y 4º porque habéis escogido una opción, las humanidades, que no es precisamente fácil. Pero estad seguros de que con esfuerzo, constancia e interés conseguiréis tan buenos resultados como Bruno o Ricardo. Las lenguas clásicas os están abriendo puertas para mejorar el conocimiento de vuestra propia lengua y para aprender mejor otras,  para adentraros en los sugestivos mundos de la mitología y la historia antiguas y, en definitiva, para ampliar vuestra cultura. Tal vez no son los estudios más rentables desde el omnipresente punto de vista económico, pero siguen siendo estudios imprescindibles.
 

lunes, 26 de marzo de 2012

Una comedia de Plauto, "Rudens"

Y después de asistir a la representación de una tragedia griega, "Ifigenia" (en la entrada anterior), nos toca reir, o al menos eso esperamos. En esta ocasión el Grupo Balbo nos ofrece una comedia latina de Plauto, cuyo título, "Rudens", no parece aclarar mucho. El significado de esta palabra es "cable de navío", "jarcia", "amarra", es decir, que parece situar la acción en un ambiente marino. Efectivamente, así es, pues en el nudo de la acción encontramos un naufragio, y en torno a él se desarrollará la trama. Y esa cuerda a la que se refiere el título será la que permita rescatar del mar un bául con objetos importantes para el desenlace de los hechos.
  Pero antes de hablar del argumento y los personajes no está de más enterarnos de quién fue Plauto y de qué tipo de teatro hacía. Aunque los de Latín II ya lo habéis estudiado seguro que no os importa recordarlo.
   Nos tenemos que situar en el siglo III a. C., en Roma, claro. Plauto se convirtió, en su época, en el autor de comedias más querido por los romanos, pues lo que buscaba, esencialmente, era divertir a todo el pueblo, en un momento de delicada crisis política y social. Para ello volvió su mirada a Grecia y encontró un filón en las obras de la Comedia Nueva griega, escritas por autores como Menandro unos cuantos años antes. Se trata de teatro de situación, más bien de carácter "burgués", ambientado en cualquier ciudad griega,  teatro que habla de temas familiares y de enredos, de hermanos separados al nacer y reencontrados años después, de amores contrariados, de conflictos entre padres e hijos, de compa-venta de mujeres,... Plauto recoge estos textos y los adapta a la lengua latina y al público romano. Sus comedias, así pues, pertenecen al género llamado fabula palliata, es decir, comedias ambientadas en una ciudad griega, con personajes griegos, que visten el pallium, el manto griego.
  Se caracterizan por presentar unos personajes prototípicos, que el espectador reconocía con facilidad: un esclavo astuto, una joven inocente, un lenón (quien comerciaba con mujeres), un joven enamorado, un anciano,...Y en ellas suele haber malentendidos, conflictos y sobre todo "reconocimientos", ἀναγνώρισις en griego. Si bien, como hemos dicho, Plauto pretendía sobre todo hacer reir a su público, ya sabéis que en esta comedia hay también presente un no despreciable componente moral: premiar el bien y castigar el mal.


  Os resumo el argumento: la estrella Arturo, (de ἂρκτος, oso) es decir, el "guardián de la osa", por su proximidad a la Osa Mayor y la Osa Menor es la estrella más brillante del hemisferio celeste norte. Es quien protagoniza el prólogo, y quien provoca una tempestad para salvar a dos muchachas que han caído en manos de un desalmado lenón que quiere prostituirlas. Tras el naufragio se refugian en un templo en Cirene, lugar en el que transcurre la acción. El lenón, Lábrax, las encuentra y se las quiere llevar a la fuerza, mientras que un anciano intenta impedir el sacrilegio. Mientras, un esclavo de este anciano, ha recogido del mar con una cuerda (rudens), un baúl que contiene objetos que van a permitir identificar a las muchachas. Así descubriremos que una de ellas es la hija que le fue raptada a Démones, el anciano, cuando era una niña. ¡Vaya, os he contado el final!

martes, 20 de marzo de 2012

Ifigenia en Áulide y en Táuride

El próximo martes 17 de abril, justo después de volver de las vacaciones de Semana Santa, nos vamos al Palacio de Festivales en Santander para asistir al Festival de Teatro Grecolatino del 2012. Como ya sabéis, veremos una tragedia de Eurípides sobre el personaje de Ifigenia. Aunque tal vez tendríamos que decir que veremos dos tragedias en una, pues parece que lo que el grupo "Balbo" nos va a ofrecer es un montaje propio basado en las 2 tragedias que escribió Eurípides sobre Ifigenia.
  Aunque ya todos conocéis la triste historia de esta muchacha, no está de más volverla a recordar. Todo empieza en Áulide, el puerto donde se reunieron los ejércitos griegos, al mando de Agamenón,  dispuestos a zarpar hacia Troya para vengar el rapto de Helena. Como la falta de viento no permitía que zarparan las naves, se consultó al adivino de turno, en este caso, Calcante. La respuesta fue clara: Agamenón debía ofrecer a su propia hija Ifigenia en sacrificio a la diosa Ártemis. El jefe griego envió sin dudarlo unos mensajeros a Micenas para que llevaran hasta Áulide a la pobre Ifigenia, a la que engañaron haciéndole creer que iba a casarse con el mejor de los griegos, con Aquiles.
 A Ifigenia la acompañaron su madre Clitemnestra y su hermano pequeño, Orestes. Y aunque Agamenón empezó a arrepentirse de lo que se disponía a hacer, la presión de los guerreros griegos le impidió rectificar. El propio Aquiles, al conocer la verdad, intentará evitar el sacrificio. Pero Ifigenia, quien al principio había suplicado piedad a su padre, acabará por aceptar su destino para, de esa forma, permitir que los griegos venguen la ofensa recibida por los troyanos.
 Como seguro que recordaréis, en el último momento Ártemis salvó a la joven de la muerte.
 Aquí tenéis un cuadro de Charles dela Fosse ( s.XVII) que refleja ese momento.
Pero, ¿a dónde la llevó? In terram Tauricam, ¿recordáis? A la Táuride, o Taúrica, en la costa meridional de la actual península de Crimea (Ucrania). Allí vivía un pueblo que, según la leyenda, tenía la fea costumbre de sacrificar los náufragos que llegaban a su orilla a una diosa virgen que los griegos identificaron con Ártemis. Ifigenia, una vez en Táuride, se convirtió en sacerdotisa de la diosa que la había arrancado de la muerte, y, paradojas de la vida, era la encargada de iniciar los ritos de tan cruentos sacrificios, ella, que había escapado a uno. Aquí la tenéis, pensativa, contemplando la costa, esperando, quién sabe, la llegada de nuevas víctimas.
Pero he aquí que el destino quiso que un día llegaran a Táuride dos apuestos jóvenes. ¿Quiénes?, preguntaréis ansiosos. Ifigenia no lo reconoció, pero uno de ellos era Orestes, su hermano menor, aquel que la había acompañado a Áulide junto con su madre. ¿Qué hacía allí? Huir de las Furias, de las Erinias, que lo atormentaban sin descanso por haber matado a su propia madre. Sí, la mató, para castigarla, porque Clitemnnestra, a su vez, había matado a Agamenón, su marido y padre de Ifigenia y Orestes, en cuanto éste puso un pie en Micenas después de terminada la guerra de Troya. Aquí tenéis a Orestes, junto al cadáver de su madre, perseguido por las Furias.
Pues bien, un oráculo le había comunicado a Orestes que sólo haciéndose con la estatua de Ártemis que se encontraba en el país de los Tauros se libraría de semejante tortura. Y por ese motivo viajó a Taúride acompañado de su buen amigo Pílades, que, como recordaréis los de Latín II, le había ayudado a cometer el asesinato de Clitemnestra. Allí son capturados y llevados al templo de Ártemis, donde serían sacrificados. Ifigenia, al ver que son griegos, les pide noticias de su familia. Y acepta perdonar a Orestes si regresa a Grecia a llevar, a su vez, noticias de ella. Pílades debe quedarse y morir. ¡Vaya lío! Es el momento del inconmensurable gesto de amistad de Orestes, que ofrece dar su vida para salvar la del amigo. Y, por fin, el momento en el que ambos hermanos se reconocen. La tragedia "Ifigenia en Taúride" termina con el regreso de los tres a Grecia.
Este mosaico, que no vimos en los Museos Capitolinos el año pasado (habrá que volver), representa a los dos hermanos. Ifigenia sostiene en sus manos la estatuilla de Ártemis.
Espero que os sirva para seguir mejor la trama y los personajes de lo que veremos el día 17.

martes, 13 de marzo de 2012

Así, Bruno, "ad astra"

   Bruno González, alumno de 2º de Humanidades ha sido el ganador del Certamen Ciceronianum 2012 en la Delegación de la SEEC (Sociedad Española de Estudios Clásicos) de Asturias y Cantabria.
El premio le llevará a Italia en mayo, para participar en el certamen internacional de traducción que se celebra en la ciudad natal de Cicerón.
 La prueba se celebró el pasado 23 de febrero y en ella los participantes tuvieron que traducir un texto latino de Cicerón sobre la amistad:
"Principio qui potest esse vita vitalis, ut ait Ennius, quae non in amici mutua benevolentia conquiescit?"
(En principio,¿cómo puede existir una vida digna de ser vivida, como dice Ennio, que no descanse en el mutuo afecto de un amigo?)
  Estas son las primeras palabras del texto que  Bruno tradujo y sobre el que tuvo que hacer también un comentario sintáctico, etimológico, histórico, para luego relacionarlo con la sociedad actual.
  El texto no era nada fácil, pero Bruno llevaba varios meses traduciendo a Cicerón, trabajando y preparándose con ganas y determinación. Meses en los que  la morfología y  la sintaxis han sido sus  mejores aliadas para ahondar en pensamientos a veces complejos, a veces huidizos y, casi siempre, certeros y conmovedores.
 En una ocasión de él alguien dijo una pequeña necedad: que era un desperdicio que un alumno así hiciera un Bachillerato de Humanidades. No,  no es un desperdicio que ningún alumno, aunque no sea "así", lo haga. No es un desperdicio profundizar en el conocimiento de la lengua para sentirnos más dueños de ella, y por lo tanto más dueños de nuestros pensamientos; no es un desperdicio no rendirse ante cualquier dificultad en una traducción; no es un desperdicio reflexionar, analizar, tomar decisiones, equivocarse y rectificar. Aunque presentadores iletrados se mofen de que aún se estudie latín en los institutos, es un valioso lujo que así sea.  Permite mantener vivo el misterioso hilo que nos une con lo que fuimos, que nos hace entender mejor quiénes somos.
Ahora es el momento, dulce, de disfrutar del final de un intenso camino. Mañana seguiremos traduciendo. Porque nos gusta.

domingo, 11 de diciembre de 2011

La venganza de Nauplio

   En los últimos textos que nos quedan por traducir de Higino el protagonista es un personaje llamado Nauplio. Una buena ocasión para acercarnos a su historia y la de su hijo, Palamedes. Nauplio es descendiente de otro Nauplio, fundador de una hermosa ciudad en la costa de la Argólide, la actual Nauplia. Encontramos a Nauplio formando parte de la expedición de los Argonautas, la que, comandada por Jasón llevó a los mejores héroes griegos hasta las costas del mar Negro en busca del legendario vellocino de oro , ¿lo recordáis?
Muchos de estos héroes eran los padres de los que una generación más tarde emprendieron otra expedición, esta vez de carácter bélico: la expedición griega que llegó a Troya con la intención de recuperar a Helena. Así pues, entre los “padres” que fueron con Jasón a la Cólquide estaba Nauplio, padre de Palamedes, Laertes, padre de Ulises, Telamón, padre de uno de los dos Ayax, Peleo, padre de Aquiles,…

      En nuestros textos descubrimos , en cambio, a un Nauplio que busca la desgracia de los griegos en su regreso de Troya. ¿Por qué? ¿Qué había ocurrido para que Nauplio quisiera castigar tan cruelmente a los compañeros de su hijo Palamedes (ad persequendas filii sui Palamedis iniurias, nos dice Higino), cuáles fueron esas iniurias sufridas por  Palamedes?  Para entenderlo, tenemos que remontarnos a los preparativos para la guerra, al momento en que Agamenón intentaba reunir a los mejores héroes y jefes griegos. Algunos de ellos parece que no tuvieron una actitud tan heroica. Ya conocemos el episodio de Aquiles disfrazado de mujer, escondido entre las hijas del rey Licomedes, estrategia urdida por su madre Tetis en un vano afán por salvar a su hijo de la muerte segura que los dioses tenían dispuesta para él si acudía a Troya.
 Fue Ulises quien tuvo la astucia suficiente para hacer que Aquiles se descubriera a sí mismo y formara parte del inmenso ejército griego. Disculpamos a Aquiles, era su madre Tetis quien buscaba protegerlo, ya sabemos, el amor de una madre lo justifica todo. Pero ¿Ulises? Sí, también Ulises intentó zafarse de la guerra, también Ulises se hizo pasar por lo que no era para evitar acudir a Troya. Fingió haber perdido la razón, sí se hizo pasar por loco, y para que no hubiera dudas de su estado, cuando acuden Menelao y Palamedes a Ítaca para reclutarle, se comporta como tal, unciendo al arado un buey y un asno juntos  y sembrando sal en vez de semillas.
  Palamedes es tan astuto como Ulises y  encuentra muy sospechoso este repentino brote de locura,  así que  descubre su farsa colocando al pequeño Telémaco, hijo de Ulises y Penélope, delante del arado.
 Ulises reacciona inmediatamente, tomando en sus brazos a Telémaco y tranquilizándole con suaves palabras. Una vez descubierto, no tiene más remedio que participar en esa guerra de la que quería huir. Pero guardará en su corazón un profundo resentimiento hacia Palamedes. Y en cuanto la ocasión se le presentó, se vengó de él. Ya en Troya, Ulises hizo creer a los griegos que Palamedes estaba dispuesto a traicionarles a cambio de una enorme cantidad de oro que, supuestamente, le habría ofrecido el rey troyano, Príamo. Escondió oro en la tienda de Palamedes, y los griegos creyeron  a Ulises. Su reacción contra el supuesto traidor  no fue precisamente mesurada: lo lapidaron hasta la muerte.
   Así las cosas, entendemos mejor el deseo de venganza de su padre, Nauplio. Primero convenció a muchas de las solitarias mujeres de los jefes griegos para que les fueran infieles y conspiraran contra ellos, como sabemos que hizo Clitemnestra contra su esposo Agamenón.
Después de la toma de Troya, cuando la flota griega volvía triunfante a Grecia, fue sorprendida por una gran tempestad que sumergió una parte de ella y arrojó el resto a las costas de la isla de Eubea. Al tener noticia del desastre, Nauplio hizo encender durante la noche algunas fogatas sobre las rocas que rodeaban la isla, atrayendo a los barcos de los aqueos para tener la satisfacción de ver cómo se estrellaban contra las piedras. Muchos soldados y marineros murieron ahogados y los que consiguieron llegar a la orilla con ayuda de tablas o a nado, fueron horriblemente asesinados allí mismo. Paradójicamente Ulises, responsable directo de la muerte de Palamedes, escapó a esta venganza. Implacable padre castigando a quienes habían dado una muerte tan cruel a su hijo.
   Pero, ¿por qué sabemos tan poco de Palamedes? ¿Por qué Homero ni siquiera lo menciona? Era tan astuto como Ulises, pero empleaba su astucia no para mentir, engañar o esconderse, como hacía el rey de Ítaca, sino para descubrir engaños y mentiras. Pero son otros los textos que hablan de él, textos secundarios (Eurípides escribió una tragedia con su nombre, pero sólo se conservan fragmentos),  no Homero, quien, sin duda, en esa rivalidad entre ambos hombres se inclinó a favor del itacense. Palamedes se convierte en el precedente del sabio injustamente acusado, del filósofo injustamente condenado, en el precedente de Sócrates. Sabemos que la leyenda le considera inventor de muchas letras del alfabeto griego, sabemos que su elocuencia era incluso superior a la del inspirado Ulises. Palamedes es un héroe civilizador a quien se atribuye también la invención del ajedrez y el juego de dados No está mal que Higino nos haya permitido rescatarlo del olvido.